La Rosa de los Vientos

A dos blogs. Libre como el viento va esta historia que escribí para el colectivo de https://escribeconnosotros.wordpress.com

La Historia Sin Fin

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Fer y Fla alquilaron una cabaña en Punta del Diablo para pasar algo de tiempo juntos. Se veían poco y tenían la vida a medias, los sueños a medias y las cuentas a medias. Entonces apareció esa oportunidad en internet. Como ninguno sabía cuándo podría tomarse vacaciones, un fin de semana fuera de temporada y a buen precio sonaba tentador. “Dale, compralo, nos vamos”. Era la primera vez que se ponían de acuerdo en mucho tiempo, tenía que ser una buena señal.

Separarse implicaba volver a vivir con sus padres o con amigos. No podían solventar con sus trabajos más que esa suerte de independencia compartida. Había que cuidar la pareja y todo lo que a medias funcionaba bien. Fer tuvo que vender la camioneta donde mataron sus soledades por primera vez. Ahora tenían un colchón sobre pallets que usaban por turnos, como en la canción “Cruz de Navajas” de…

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Guerra en el Patio

Lindo volver a participar en este bello proyecto colectivo que tenía algo abandonado hace un tiempo.

La Historia Sin Fin

Por Macarena

Foto: http://bit.ly/2sDxub6

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo existió un niño que no corría, ni pegaba ni empujaba a la hora del recreo. En la escuela se conoce como La Leyenda del niño Pancho. ¿Se llamaría Francisco o era por tranquilo nomás que le decían así? Nadie lo sabe, eso también forma parte de la leyenda.

Un día de primavera, de esos en los que la túnica empieza a picar en el cuello y las familias no saben si mandar a los niños con paraguas o con bermudas porque con el clima nunca se sabe, el patio se transformó en un campo de batalla.

El timbre sonó y todos salieron a lo loco, como siempre. Parece que en un rincón del patio se armó una pelea, aunque nadie supo explicar cómo ni por qué. Lo cierto es que el caos se apoderó del recreo.

Niños y niñas…

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Ya pasaron dos años

El nuevo pires cumplió dos años, así sin más. El otro, el de blogspot, ya tiene casi diez. Quizás hay gente que no me conoce tanto ni tan bien como este lugar de ceros y unos. Bienvenida la tecnología del desahogo, la “blogtherapy ” como le dicen ahora. 

Desde este nuevo espacio he intentado hacerle más espacio al disfrute y menos al berrinche existencial con resultados dispares. Seguiré intentándolo. Saldrán a la luz textos más pulidos y de los otros, los salvajes y expulsivos. Que nunca nos falten ni los unos ni los otros. 

Mi celular se arrastra, repta hasta la orilla de su obsolescencia programada, pero todavía me deja matar el tiempo de una espera absurda con estas palabras. 
Brindemos por eso y por muchos años más de pires nuestros.

Voy a cambiar el mundo

Todos los días, para bien o para mal, cambiamos el mundo. De hecho es lo que nos caracteriza como especie, nuestra capacidad de modificar a nuestro antojo el entorno. El resto de los seres posee la capacidad de vivir en total armonía con su ambiente a menos que la evolución o un meteorito determinen su trágico final. Pero la mayoría de los humanos vivimos en un medio artificial creado por y para nosotros. Incluso nuestras emociones son, en su mayoría, aprendidas. Tanto es así que cuando hablamos de “los animales” no nos incluimos en dicha categoría.

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Un robot llamado ego

Compartir las ideas de otro en algo que identificamos como muy “nuestro” (un blog, por ejemplo), me parece una linda forma de apagar el ego.

La vida minimal

un robot llamado ego

Todos tenemos un robot que vive dentro de nosotros.

Un robot programado para:

– Buscar la aprobación de los demás
– Luchar por tener la razón
– Analizar y criticar a otros
– Sentirse afectado por lo que hacen otras personas
– Reproducir historias del pasado
– Querer controlar cada situación
– Y múltiples funciones más

A lo largo de nuestra vida, este robot se ha vuelto tan fuerte que ha logrado dominarnos por completo, controlando nuestras conductas y reacciones.

Este robot se llama ego y es la causa de muchos de nuestros problemas. La buena noticia es que, al igual que cualquier aparato electrónico: podemos apagarlo de vez en cuando.

¿Qué sucede cuando el ego está apagado?


– Nos volvemos más humanos, más libres, más compasivos
– No juzgamos, porque nos damos cuenta que todos somos imperfectos
– Sentimos aceptación, hacia nosotros mismos y hacia los demás
– No…

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La Bestia Poética

La Historia Sin Fin

En la Semana de Tema Libre, Macarena nos traduce lo que su alma susurra.


Puedo sentirla dar vueltas y vueltas en su jaula. La rutina la está matando. Está hambrienta de alguna experiencia que le devuelva el fulgor de antaño. Se conforma con poco. Quizás eso es lo que más le enfurece. La oigo gemir mientras espero mi turno en el hall de un banco. Y es que cada vez queda menos poesía en la vida. Yo trato de explicárselo pero no me comprende. Después de todo, es una bestia. A ella no le importa cuándo ni cómo, quiere alimentarse, lo necesita. Si acaso encuentro unas pocas migas para darle en la retórica vacía de una engrapadora sin ganchos, tengo que parar todo lo que estoy haciendo para alimentar a la bestia. No sabemos a ciencia cierta quién es esclavo de quién. Creo que a veces cambiamos los roles sin…

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Ese olor

Llegé temprano y prendí el último sahumerio que me quedaba. Todavía no eran las 8 de la mañana. Leí los diarios y disfruté del silencio antes de que llegaran los compañeros de oficina del turno de la mañana.

Al mediodía, aprovechando que salía a comprar algo para comer, pasé por una santería y compré más sahumerios. Consciente de que pasaba en ese espacio más horas que en mi propia casa, seleccioné los aromas y sus propiedades mágicas con todo el amor que se puede depositar sobre un escritorio.

La planta cubierta de flores junto a la ventana, las artesanías de las nenas, la foto de mis sobrinas, mi perra, mi pareja, todo junto con el listado de internos y los pegotines de mis bandas preferidas. Un altar kitch donde gasto con devoción mis horas de vida con la esperanza de llegar antes al purgatorio de la salida.

A veces cuesta más llegar hasta la orilla de cada día, sobre todo cuando el cielo de las vacaciones se aproxima. La fantasía de dejar en suspenso el culto a las ocho horas y abrazar a mis diosas del Olimpo, tener un rato de intimidad, una pequeña bacanal doméstica donde abunde en lugar del fruto de la vid, la cerveza.

En esas pequeñas batallas me entretenía cuando alguien arrojó una piedra al vitral de mi templo. “¿Qué es ese olor?”. Era un intento de amar el espacio que me rodea, por más que sea el lugar donde cambio mi tiempo por dinero. Parece que molestó un poco. Tampoco era como para armar una guerra santa por eso. Para los no devotos del sahumerio también están abiertas las puertas de mi iglesia.