Voy a cambiar el mundo

Todos los días, para bien o para mal, cambiamos el mundo. De hecho es lo que nos caracteriza como especie, nuestra capacidad de modificar a nuestro antojo el entorno. El resto de los seres posee la capacidad de vivir en total armonía con su ambiente a menos que la evolución o un meteorito determinen su trágico final. Pero la mayoría de los humanos vivimos en un medio artificial creado por y para nosotros. Incluso nuestras emociones son, en su mayoría, aprendidas. Tanto es así que cuando hablamos de “los animales” no nos incluimos en dicha categoría.

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Palabras cotidianas

La mensajería instantánea está de moda. Ahora lo raro es que a las palabras, sonidos, imágenes, se las lleve el viento.

Sin embargo, y en paralelo, el vértigo ante una hoja o una pantalla en blanco persiste.  Y nos encantaría mandar a terapia al cursor para que se cure de una buena vez esa maldita manía de titilar. Quien lo diseñó sabría mucho de ceros y unos, pero no entendía nada acerca de la ansiedad que produce llenar ese enorme vacío, ese desierto de comunicación.

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Sobre ruedas

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La otra tarde nos calzamos los patines y salimos a rodar. Vos con siete años ya, casi ocho. Juli dejando la timidez de lado, pagando con cada porrazo el derecho a heredar tus botas que ya te quedan algo chicas. Cómo han crecido. Tanto que ahora sos vos la que me lleva de la mano porque yo hace un año que no patino. Siempre me ayudaste a mantener el equilibrio.

Te miro de reojo, toda bañada por la luz del atardecer sobre la rambla, y veo a mi bebé que se oculta como el sol detrás de tus rasgos de nena grande. Se me pierde de vista tu hermana y de pronto la veo de la mano de una nueva amiga, ella tan desconfiada que era, tan tímida, ya no necesita tener a su madre siempre en el horizonte.

Yo te digo que te amo, pero vos todavía no entendés lo que significa para mí verte funcionar en este mundo caníbal. Tan frágil que parecías y sin embargo tan fuerte que siempre supe que eras. Allá a lo lejos lo sigue intentando Julieta, cuatro años de pura actitud. Ya no te llamo a los gritos desesperada “¡Manuela! ¡Manuela!”. Con el corazón en la boca te busco en silencio, porque sé que sólo la confianza te va a llevar más lejos.

 

 

Vivir de posteo

¿Lo mejor que me pueden decir? “Esto tiene que ir para piresmios” o “espero que escribas una entrada sobre tal o cual”. Me llena de orgullo infantil. No de ese orgullo mezcla de soberbia que tienen algunos adultos, que no se me malinterprete. Es como cuando te dicen de niña “qué bonito te ha quedado tu dibujo”, algo así. Como una vergüenza que te da el ser descubierto haciendo algo que disfrutás mucho y que se te note tanto. En fin, este posteo tiene como única finalidad contarles eso, que si realmente me quieren devolver por un instante a mi estado de inocencia, me encarguen una entrada para el blog. Además, la mayoría de las veces cumplo con los encargues.Y si no es así, los reto a que me pongan a prueba.

Si realmente me amás

No me dejes tener la razón siempre.

No me digas “sí, querida”, ayudame a pensar desde otro punto de vista.

No dejes por favor que cometa los mismos errores; no te quedes ahí parado viendo cómo me tropiezo con mi intransigencia.

No riegues mis ideas, mejor cultiva otras al lado para enriquecerlas.

Porque quien realmente ama, no dice a todo que sí.

La persona amada, mal que a uno le pese, es la que pregunta: Pero de verdad ¿A vos te parece?

Extranjera

Cómo mantener la mente en estado creativo mientras se espera turno para que lo atiendan a uno en la sala de espera del Registro Civil. ¿Cómo? ¿Me quiere decir alguien? Con el guardia de seguridad recostado a una pared conversando con dos o tres hombres más, tan mal pago y tan pagado de sí mismo, todo a la vez. “Disculpe, para usar el celular para hablar por favor afuera, son seis pasos, nada más”, su momento superman.

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