Querida Maestra Mónica

Hoy Manuela está llegando al final de un ciclo en su vida, la etapa del jardín. En estos cinco años la hemos visto crecer muchísimo. Pero sobre todo en este último tiempo parece que sus “dolores de crecimiento” se han vuelto más fuertes o quizás ella tiene más herramientas para hacernos saber que nos necesita.

Como padres, nuestro día a día hubiera sido muy diferente si no tuviéramos la tranquilidad de que Manu está con la maestra Mónica mientras nosotros no podemos abrazarla, contenerla, explicarle que todo pasa, hacerle un “sana sana” en el cuerpo y en el alma.

En la memoria de la maestra Mónica quedarán todas esas sonrisas, esas miradas, esos momentos de felicidad que como papás no conocemos, porque forman parte del mundo de Manu, de las horas que pasa con sus amigos, perdiéndose en el patio, contemplando el movimiento de las hojas de los árboles o un insecto que la cautivó. Quién pudiera estar adentro de esa cabecita loca, casi siempre despeinada, esa máquina de imaginar que nos encanta y nos ocupa casi en idénticas proporciones.

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