Sobre ruedas

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La otra tarde nos calzamos los patines y salimos a rodar. Vos con siete años ya, casi ocho. Juli dejando la timidez de lado, pagando con cada porrazo el derecho a heredar tus botas que ya te quedan algo chicas. Cómo han crecido. Tanto que ahora sos vos la que me lleva de la mano porque yo hace un año que no patino. Siempre me ayudaste a mantener el equilibrio.

Te miro de reojo, toda bañada por la luz del atardecer sobre la rambla, y veo a mi bebé que se oculta como el sol detrás de tus rasgos de nena grande. Se me pierde de vista tu hermana y de pronto la veo de la mano de una nueva amiga, ella tan desconfiada que era, tan tímida, ya no necesita tener a su madre siempre en el horizonte.

Yo te digo que te amo, pero vos todavía no entendés lo que significa para mí verte funcionar en este mundo caníbal. Tan frágil que parecías y sin embargo tan fuerte que siempre supe que eras. Allá a lo lejos lo sigue intentando Julieta, cuatro años de pura actitud. Ya no te llamo a los gritos desesperada “¡Manuela! ¡Manuela!”. Con el corazón en la boca te busco en silencio, porque sé que sólo la confianza te va a llevar más lejos.