Extranjera

Cómo mantener la mente en estado creativo mientras se espera turno para que lo atiendan a uno en la sala de espera del Registro Civil. ¿Cómo? ¿Me quiere decir alguien? Con el guardia de seguridad recostado a una pared conversando con dos o tres hombres más, tan mal pago y tan pagado de sí mismo, todo a la vez. “Disculpe, para usar el celular para hablar por favor afuera, son seis pasos, nada más”, su momento superman.

Y los bebés lloran, parece que adivinaran que les están tramitando una copia de la partida de nacimiento y se les da por recrear el momento, ese primer grito, un hola mundo salvaje y desgarrador. Quizás es solamente aburrimiento, ese derecho al pataleo que vamos perdiendo con el tiempo, de los tres años en adelante, nos van domesticando para que podamos soportar luego formas de violencia más o menos sutiles como por ejemplo la sala de espera del Registro Civil de la Calle Uruguay.

“Partidas para extranjeros por aquel mostrador, por en nombre te llaman”, son 106 pesos. Una lista de precios pegada en la columna reza los montos de los trámites, ninguna cifra redonda, todas terminan con una moneda perdiéndose en el fondo del bolsillo. Mucho niño con túnica y moña, rehenes del boleto gratuito con abuelas que son rehenes a su vez de los padres de esos niños o de la ausencia de los mismos, vaya uno a saber.

La famosa partida. La de nacimiento se llama partida, y eso tiene sentido, da cuenta de un inicio. Pero la de defunción se llama partida también, broma macabra burócrata, fotofinish de la vida, la constancia de la llegada, se llama partida también. ¿Y la partida de nacimiento de una extranjera? Ninguna más partida que esa, para siempre en dos.

Al fin el ticket, el sello, el papel verde que simula ser de antaño pero impreso en impresora láser. Como si proyectáramos hologramas sobre papiros, una ficción de solemnidad retro-futurista entre deliciosa y aberrante.

Afuera, la vereda, “son solo seis pasos, nada más”… luz solar, siempre demasiada al salir de una oficina pública. El resplandor de un día gris por la avenida Uruguay, una joya del nomenclátor, tan bien que le queda el nombre. Uruguay: mayorista, repuestera, pornotriste, hotel cero estrellas a cielo abierto, galería de corazones que laten bajo su envoltorio de trapo y cartón.

¿A dónde habrán ido a parar los papeles que dan cuenta de esas vidas en suspenso? ¿En la carpeta cuál tomo qué? No habrá ninguna madre que los guarde amorosamente en un folio transparente. Tal vez la hubo, pero ya no. Uruguay, tus hijos duermen ahí a metros de su partida. Cómo duele doblar en Barrios Amorín y dejar atrás.

 

 

Anuncios

3 comentarios en “Extranjera

    1. Leí tu blog. Se nota cuando uno le pone el alma a lo que hace. Y me quedó esa frase. “Cuidate, fulano, cuidate”. Bien por ese espacio de catarsis. Hace poco vi la película “The fundamentals of caering”. De alguna forma este blog me recordó eso de cuidar al cuidador. Saludos y gracias por compartir.

      Me gusta

  1. Muchas gracias, hace muchos años pienso como escribir esas historias y me encontré con tu blog y me inspire una tarde, de cierta manera al leer tus historias decidí empezar.
    Con los días y entre guardia y guardia voy a escribir algunas muy divertidas y otras no tanto,
    Muchas gracias de corazón
    Federico.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s