El agujero y las redes

Hoy casi no se habla de otra cosa que no sea “estar en las redes”. Nunca la metáfora de la trampa fue tan alabada. Y a río revuelto, ganancia de pescadores. Marcas, productoras audiovisuales, cazadores de talentos, gente sin talento que salta a los brazos de sus potenciales captores y gente talentosa que se muestra sorprendida cuando, casi por error, es capturada.

“Offline es el nuevo lujo”, leí en una nota sobre Snapchat, una de las aplicaciones ascendentes en materia de mensajería instantánea. La vida privada, pero sobre todo lo privado de la vida, ha pasado a cotizar como mercancía simbólica.

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Pantallas

Como en aquellas películas en blanco y negro donde el detective mira ostensiblemente sin mirar un periódico, ahora la nueva moda es chequear el celular para evadirse de la realidad o evitar alguna situación incómoda.

Este aparato se ha convertido en el superhéroe de los ascensores y el villano de las reuniones, ya sean éstas sociales o de trabajo.

La gente mantiene conversaciones paralelas a menudo intrascendentes no tanto como una forma de estar conectado con sino más bien como excusa para desconectarse de.

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