WI FI mon amour

Como no se animaba a mirarla directamente a los ojos, en cuanto la silueta de aquella mujer entraba en su visión perimetral, él levantaba la pantalla.

No era una acción de mirar algo sino todo lo contrario. El medio de comunicación constituido en muralla le daba la excusa perfecta para mantener los ojos ocupados en algo, aunque su mente atravesaba el cristal, los circuitos, la funda, todo para ir a su encuentro.

Hablaba con una novia ocasional que tenía como antídoto contra la otra, la bruja que era capaz de perforar celulares.

Una vez estuvo a punto de encararla y decirle que la odiaba a causa de sus poderes, que no había bloqueo físico o emocional que detuviera el hechizo.

No le dio el cuero. Aunque dejó de venir, todavía le parece verla ahí donde la vista se vuelve algo borrosa, bailando en el filo de su gran pantalla.

Ahora en el hueco que dejó ella ya no hay nada, sólo la misma señora tomando su interminable café y el ventanal que da a la calle por donde ve pasar a diario a un ejército de zombies sociales envueltos en su propia red.

Suspira y vuelve a sumergirse en su mundo, ofuscado por no dar con el antídoto que mate al fantasma de esa mujer a prueba de celulares.

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