Paisaje sonoro

Hay una casa con piano en una calle que se distorsiona, se expande, se abre hasta formar un enorme triángulo.

Lo único que se siente al pasar por ahí es la música. El músico, el instrumento, todo lo demás es invisible.

Las persianas como branquias de madera exhalan el eco de las cuerdas vibrando en la caja de resonancia del piano.

Madera contra madera la onda se multiplica y avanza. Es como si la calle tomara esa forma tan extraña a propósito para abrirle paso.

Un teatro callejero armado de improviso, con una acústica casual al servicio de un intérprete invisible que toca sin conocer a su público peatonal.

La pieza dura lo que demore el recorrido de la oreja en transitar por la vereda.

Pero el pianista es puntual. Todos los días más o menos a la misma hora hace su magia y regala un paisaje sonoro en un gesto cotidiano, como quien sale a colgar las sábanas al sol.

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