Equilibrio

Lucía llegó un día a la oficina y me dijo: “me acordé de vos y te traje esto”. Acto seguido, extendió su brazo largo y fino de cuyo extremo colgaba un libro. Esos dos hechos concatenados me parecieron de una continuidad y contundencia inexplicable. Pensar en otro y pensar un libro. Para mejor, Lucía remató la hazaña contándome que había leído mi post Diez minutos y su interpretación del mensaje no pudo ser más acertada. Equilibrio, de Pedro Mairal me vino como anillo al dedo. En siete minutos de viaje en ómnibus me leí el prólogo y el primer texto. La identificación con el autor, con su forma de ver y escribir el mundo fue simultánea. Gracias a Lucía y su capacidad de leer y de leerme, el ómnibus volvió a ser mi sala de lectura y el celular mi maquina de escribir en miniatura.

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