Cuerpo y deseo

Una broma sobre el estado físico de un actor de telenovelas disparó el debate. Con la confianza que otorga el amor de largo aliento, elogié un cuerpo ajeno. Menuda osadía. Entonces el otro cuerpo, el amado, se sintió interpelado. Y todo a causa de un cuerpo ausente, lejano e improbable de alguien que será por siempre una fotografía en movimiento.

¿Dónde está el límite? No lo sé. Eso va en cada uno y a su vez tiene que ver con permisos que otorga la cultura popular. Un varón puede decir a fulana le doy que está todo bien. Motivo de otro debate será qué significa dar en un mundo egoísta que solo piensa en recibir. Alguna cuestión de poder y posesión. Será, sin lugar a dudas, otra forma de machismo y heteronormatividad.

Pero el deseo y la mujer son asunto aparte. Que una mujer sea capaz de disociar entre amor y deseo todavía no está muy bien visto que digamos, aunque parezca mentira, incluso en clave de juego.

Pasemos ahora al otro, al cuerpo amado, al presente. Y sí, a veces es complicado mantener vivo el misterio cuando es ese mismo cuerpo que produce, que cuida, que cura, que ordena, limpia y traslada a la cría de un lugar a otro. La maquinaria del amor se confunde con la reproducción material de la vida en un abrazo que puede asfixiar al deseo.

Porque el deseo tiene un componente de misterio, de descubrimiento o redescubrimiento, es un motor que necesita combustible, nadie que evoque el concepto se imagina algo estático, impertérrito.

Más caro que el petróleo, este combustible puede provenir de las más variadas fuentes, incluso del juego de los celos, de la competencia, de la interpelación que genera el cuerpo de los otros.

Sin traspasar el límite de lo lúdico, de lo creativo, es una sana costumbre no congelar el deseo. Después de todo y al final del día, el buen amor sabe que tiene ese cuerpo, el presente, para abrazar y elegir por sobre todos los otros, los irreales, los improbables, los míticos e imaginarios cuerpos que nunca estarán ahí para cumplir con la máxima fantasía posible: la satisfacción de sentirse elegido todos los días, toda la vida.

 

 

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Un comentario en “Cuerpo y deseo

  1. La expresión “darle” a tal o cual mujer, la entiendo como un concepto abarcativo que consiste en darle carne, tiempo y espacio, todas variables físicas y cuantificables, y a cambio pido placer, como si se tratara de una mera transacción similar a comprar papas o medicación. Dar implica este concepto machista que afirma “te doy y cuando quiera te lo quito”.
    Muy buen artículo genia.
    un abrazo

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