Querida Maestra Mónica

Hoy Manuela está llegando al final de un ciclo en su vida, la etapa del jardín. En estos cinco años la hemos visto crecer muchísimo. Pero sobre todo en este último tiempo parece que sus “dolores de crecimiento” se han vuelto más fuertes o quizás ella tiene más herramientas para hacernos saber que nos necesita.

Como padres, nuestro día a día hubiera sido muy diferente si no tuviéramos la tranquilidad de que Manu está con la maestra Mónica mientras nosotros no podemos abrazarla, contenerla, explicarle que todo pasa, hacerle un “sana sana” en el cuerpo y en el alma.

En la memoria de la maestra Mónica quedarán todas esas sonrisas, esas miradas, esos momentos de felicidad que como papás no conocemos, porque forman parte del mundo de Manu, de las horas que pasa con sus amigos, perdiéndose en el patio, contemplando el movimiento de las hojas de los árboles o un insecto que la cautivó. Quién pudiera estar adentro de esa cabecita loca, casi siempre despeinada, esa máquina de imaginar que nos encanta y nos ocupa casi en idénticas proporciones.

No queremos que se termine el año así nomás, porque para nosotros como familia es un momento muy especial. Estamos ansiosos por los cambios que se avecinan, por darle a Manuela la infancia feliz que creemos que todo niño o niña se merece.

Y la palabra gracias es como que nos quedó un poco chica para expresarte lo que significa que hayas estado ahí con nuestra hija siempre que te necesitó y con nosotros, tan atenta, paciente y responsable, pero cariñosa a la vez.

Sabemos que Manu muchas veces demandó tiempo extra y un plus de dedicación de su maestra. Siempre se lo diste sin miramientos, nunca la hiciste sentir diferente, pero la trataste como si fuera única, como a cada uno de tus alumnos. Eso no tiene precio para nosotros.

De a poco ella va entendiendo y aceptando este final dulce y amargo, algo que también es un aprendizaje para la vida. Manu habla de sus amigos y de su maestra y “le salen gotitas de los ojos”, como dice ella. Pero estamos convencidos que entrará saltando, bailando y sonriendo a su nueva escuela, porque con tu apoyo logramos que no perdiera la alegría y el entusiasmo que la caracterizan.

Los días que más nos preocupamos fueron aquellos en los que se la veía triste, sin ganas de ir al jardín, frustrada porque no le salían las letras, enojada con ella misma por sentirse “la más chiquita”. Pero poco a poco eso va quedando atrás. La frustración dio paso a la superación y, si bien todavía falta muchísimo, no queremos ni imaginar cómo habría transcurrido este año si no fuera de la mano de la maestra Mónica.

Muchas,  pero muchísimas gracias por haber sido parte de la vida de nuestra amada hija Manuela.

Nivel 5 – año 2014.

Bonus:

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