Silencio

Juan Carlos se aprontó el mate como cada mañana, hace por lo menos cuarenta años. Ya de gurí la abuela lo convidaba con unos mates dulces. Así adquirió la costumbre, en aquel cacharrito de loza con flores, que luego se fue haciendo más grande, áspero y amargo, como la vida misma.

“Hacete amigo del silencio”, esa frase la heredó junto con la costumbre de tomar mate. Eran como dos cosas que venían casi de la mano. Las dos generaciones se sentaban en el patio de baldosas desvaídas, justo debajo de la claraboya, a contemplar al canario encerrado en su jaula y a las plantas atrapadas en sus macetones de cemento con patas.

Si estaba lindo el clima, la abuela le pedía ayuda para darle a la manija y correr la claraboya. Entonces sentía una alegría propia y una pena ajena por el canario y las plantas que luchaban sin éxito por alcanzar el cielo, esa utopía enmarcada en el muro de un caserón viejo.

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Querida Maestra Mónica

Hoy Manuela está llegando al final de un ciclo en su vida, la etapa del jardín. En estos cinco años la hemos visto crecer muchísimo. Pero sobre todo en este último tiempo parece que sus “dolores de crecimiento” se han vuelto más fuertes o quizás ella tiene más herramientas para hacernos saber que nos necesita.

Como padres, nuestro día a día hubiera sido muy diferente si no tuviéramos la tranquilidad de que Manu está con la maestra Mónica mientras nosotros no podemos abrazarla, contenerla, explicarle que todo pasa, hacerle un “sana sana” en el cuerpo y en el alma.

En la memoria de la maestra Mónica quedarán todas esas sonrisas, esas miradas, esos momentos de felicidad que como papás no conocemos, porque forman parte del mundo de Manu, de las horas que pasa con sus amigos, perdiéndose en el patio, contemplando el movimiento de las hojas de los árboles o un insecto que la cautivó. Quién pudiera estar adentro de esa cabecita loca, casi siempre despeinada, esa máquina de imaginar que nos encanta y nos ocupa casi en idénticas proporciones.

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It’s complicated*

Fuente: http://xkcd.com/355/
Fuente: http://xkcd.com/355/

La principal pandemia actual no es la diabetes, tampoco la obesidad. Hay una hambruna silenciosa que se llama soledad, el mal de este siglo y de los que vendrán.  Y es una soledad macabra, porque viene muy acompañada. Para combatirla inventamos miles de aplicaciones para celulares, esos lazarillos electrónicos que nos tienen dando tumbos en busca de un otro cualquiera.

Si querés compañía, podes abrir un Tinder y rastrear otra soledad con la que empatar la tuya; abrir luego una aplicación que te sugiera dónde ir y arrancar a donde el GPS te lleve. Si pinta seguirla, ResevaTelo te permite reservar un cuarto en tiempo real. Si te quedaste sin efectivo, seguro otra aplicación te mostrará el cajero más próximo. Nada puede detenerte. Al final de la noche, un Easy Taxi  devolverá a cada uno para su casa. No te preocupa estar solo y con la heladera vacía, ahí está PedidosYa para consolarte.

Y cuando de nuevo te pique el bichito de la soledad, ni en sueños te vas a animar a encarar a esa persona con la que tenés tanto en común, porque para eso están las redes sociales, para pescar sin tirarte al agua y empaparte.

Si no pinta más que un intercambio por Whatsapp, también está todo bien (o al menos eso parece).  Por alguna razón está de moda amarse sin tocarse y tocarse sin amarse. Quizás sea porque las dos cosas juntas te queman y no hay algoritmo de Facebook que borre las heridas del video de tu vida.

Eso sí, depende lo que busques. Si lo que querés es divertirte y nada más, seguro tenés más herramientas que en la época en la que nos conectábamos por módem y se nos cortaba el mambo si nos descolgaban el teléfono.

*Definición urbana: http://bit.ly/1NHKhAc

Manifiesto Incompleto para el crecimiento de Bruce Mau

Bruce Mau
Fuente: http://bit.ly/1MmsJJH

Bruce Mau (Canadá, 1959) es un diseñador integral fundador de Bruce Mau Design, donde trabajan en un contexto global con diferentes organizaciones de cultura, comercio, medios de comunicación y educación.

A través del diseño considera que se pueden producir cambios, como se puede leer en su libro Massive Change. Además ha publicado otros dos libros imprescindibles Life Syle y X,M,L,XL, éste último en colaboración con el arquitecto Rem Koolhaas.

Si bien estas recomendaciones están orientadas al trabajo del diseñador, me pareció que podían ser útiles para cualquier actividad creativa, y por eso las tomé prestadas y decidí compartirlas en este blog. 

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Algo terrible sucedió

Primero fue el cerebro. Quedó envuelto en una nube, a la espera, como los televisores que se sabe que están conectados porque nunca apagan esa luz, pero sin mostrar ninguna imagen.

La nariz y la garganta hicieron una alianza para impedir el flujo correcto del aire. Quizás esa aduana de oxígeno colaboró para que mi estado mental fuera confuso, un limbo de ideas sin borde ni conexión alguna entre sí.

La invasión devino en combate. Y la lucha arrojó sus víctimas por el mismo lugar por donde debería ingresar el aire. Respirar fue más complicado que intentar subir por una escalera mecánica que baja.

El desembarco de los gérmenes podría haber sido el lunes o una semana atrás. Es difícil determinar con precisión cuánto tiempo acamparon hasta que las condiciones estuvieron dadas, hasta que sonaron las trompetas y comenzó la infección.

Hoy mi cuerpo es un campo de batalla asediado por una condición que se conoce popularmente como estar enfermo. Este cuerpo que no logra transportar la cantidad de oxígeno suficiente en sangre, es incapaz de crear nada, más allá de una excusa elegante.

Con la boca entreabierta como un pez recién capturado, este cuerpo ha comprendido algo: jamás coloques delante de una promesa la frase “si nada terrible sucede”, porque puede que no se cumpla la segunda parte del enunciado.