Agua tibia

A medida que descendía el olor a cloro se iba haciendo cada vez más penetrante. Con cuidado de no resbalarse, bajaba las escaleras como sonámbula, intoxicada por la promesa del agua tibia.

Podía sentir sus músculos de mujer joven tensarse como cuerdas, los muslos todavía firmes a pesar de lo que ella consideraba un leve sobrepeso.

Luego de algunas clases tardías, se lanzó por fin a ese universo líquido. Con la torpeza propia de un adulto que aprende, carecía de técnica. Nadaba como condenada de un lado a otro de la piscina, con la intención confesa de perder peso. Visto de afuera parecía más bien alguien que estaba cumpliendo con una penitencia autoimpuesta.

El cabello le formaba un monte bajo la gorra de goma, otorgándole un aspecto algo extraterrestre que se completaba con los lentes ovalados para ver bajo el agua.

Pero sumergida no había mucho para mirar, más que las piernas de las personas adultas que se abandonaban a flotar en ese caldo azul. El grosor de las extremidades solían no coincidir en nada con el perímetro de su cintura, lo que alimentaba la fantasía de que se trataba en realidad de una colonia de seres, mitad medusa, mitad humano.

A determinada hora arrancaba la clase de hidrogym. Purgada la pena, ella, la nadadora sin nombre, sumergía la cabeza en el agua para sentir como la música se distorsionaba en el medio líquido, mientras demoraba el ascenso con la esperanza de convertirse en un ser mitológico, no una medusa, ni una sirena, quizás un delfín algo menos inteligente que sus compañeros de especie.

Así transcurría cada martes y jueves por la mañana, esa hora y media bendita donde la realidad se deformaba en ese cuadrilátero mágico poblado de seres semidesnudos.

Todo era igual de monótono e interesante: los socios activos y los choferes jubilados; las camionetas llenas de escolares agitados como cardúmenes; la encargada del vestuario, una vieja carcelera que no dejaba entrar a nadie que se pasara un minuto de la hora; el informativo, siempre el mismo, sonando de fondo en el hall del club.

El único cambio que comenzó a notar fue el grosor de sus muslos, que se iban afinando conforme aumentaba la intensidad del ejercicio. Podía ver un hueco formarse entre sus piernas al bajar por la escalera, igual de hipnotizada por ese olor que se le hacía cada vez más penetrante.

Cuando volvía al vestuario, observaba distraída los vientres de las otras. Veía las cicatrices de su vida, los rasgos particulares de cada una, la increíble variedad que puede llegar a alcanzar un cuerpo humano desprovisto de ataduras. Y su cuerpo de mujer joven también estaba cambiando.

Temió transformarse en medusa un día y otro también cuando notó que, a pesar de la satisfacción de ver sus muslos afinarse, su vientre parecía una lonja testaruda que no cedía ante los azotes del agua tibia.

A esos cambios le siguieron algunos calambres, que ella atribuyó a un exceso de ejercicio. Tuvo algunos sueños raros donde la sanación de estar rodeada de agua era muy vívida, donde ya no hacía falta salir a respirar.

Un buen día se decidió a dejar de atribuirle poderes mágicos a la piscina y consultó a un médico.

Sacaron algo de sangre con cloro de sus venas. Ella habría ido nadando a buscar los resultados del análisis, pero no estaba en ese mundo sumergible, estaba en el otro, en el que no amortigua los golpes ni las caídas.

En la hoja de papel de resma, impreso con una tecnología antigua, los sucesivos puntos dibujaron tres letras y un adjetivo: HCG positivo.

Subió las escaleras de la mutualista con otra clase de hipnosis. Extrañó el olor a cloro, pero comprendió que ya no sería una medusa. Pronto ella misma se convertiría en una gran piscina de agua tibia.

Anuncios

2 comentarios en “Agua tibia

  1. Estimada: Felicitaciones por el cambio de plataforma. En cualquier momento tendré que asumir esa práctica en Redactar mejor. Aprovecho para saludarte por esta entrada, que me pareció genial y hacer dos consultas propias de un ignorante: ¿HCG significa que la protagonista está embarazada? ¿se trata de ficción o es primera persona real?

    Abrazo.
    Martín Acuña

    Me gusta

    1. Estimado:

      Es un doble honor recibir tu comentario, por tu calidad de lector y propietario del proyecto “Redactar mejor” 🙂

      La protagonista descubre que, efectivamente, sus hormonas están alteradas por un nuevo ser.

      Como madre de dos hermosas criaturas, la experiencia personal se terminó colando en un relato. Estaba cantado.

      Abrazo grande.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s