Análisis de la película “Te doy mis ojos”

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La película Te doy mis ojos (España, 2003) está dirigida por la actriz y directora española Icíar Bollaín, quien en un principio se planteó hacer un cortometraje (Amores que matan) a partir del punto de vista del varón agresor, pero luego decidió incorporar el punto de vista de la mujer, transformándola en un largometraje ganador de siete premios Goya.

La película retrata con matices lo que sucede al interior de una pareja cuyo vínculo está signado por la violencia de género. Pero la situación no se da de forma aislada, sino que guarda una estrecha relación con las instituciones que fomentan, a la vez que ayudan a ocultar, este tipo de vínculos intrafamiliares.

En 2003 la violencia doméstica (todavía no se la definía como violencia de género) causó 103 muertes en España, un 54% más que en 2002, según consignaba la prensa de la época en la que salió a la luz “Te doy mis ojos”.

Tres de cada cuatro mujeres asesinadas en España en aquel entonces no había radicado jamás una denuncia por malos tratos contra su pareja o ex pareja.

La invisibilidad del problema constituía una parte importante del problema en sí mismo.

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Cuando sea grande

El domingo fue el día del padre en Uruguay. Como es habitual, yo invité a mi madre a celebrar conmigo.

Estábamos conversando de la vida, de los sueños, de todo y de nada al mismo tiempo. Entonces le dije “cuando sea grande…”. Ella me miró como diciendo “ya sos grande”. Yo no la dejé romperme la magia. “Bueno, cuando sea más grande todavía”. Y seguí con el relato.

Los padres, madres, adultos que nos vieron crecer en general, son la garantía de que vamos a poder usar esa frase. Mi madre siempre me trató como más grande, más madura, más fuerte. Pero es mi madre y junto a ella soy una niña. Tengo derecho a decir “cuando sea grande”, porque para soñar sueños que no cumplimos, sueños que soñamos cuando éramos niños, nunca es tarde.

Mi madre no debió haber puesto esa cara de asombro. Por suerte soy inmune a su realismo aniquilador. Ya no soy tan chica como para que me pongan en mi sitio ni tan grande como para dejar de soñar. Estoy en mi mejor momento. Lo siento mami.

 

 

 

Aquello

-El perro salió, olfateó un poco, pero al final hizo sus cosas y volvió a entrar, ni se estresó.

La mujer de mediana edad llevaba lentes negros y corte carré color rojizo. Tenía los labios pintados y mucha bijouterie de fantasía. Agarraba el celular como un verdadero teléfono, apoyándolo en su mejilla derecha. Ya casi nadie hace eso. 

El ómnibus iba lleno de puerta a puerta, pero ella estaba sentada. Antes de dar cada respuesta giraba la cabeza hacia ambos lados y su cabello se bamboleaba como en un aviso de acondicionador o de pelucas a mitad de precio.

-Aquello está en el mismo lugar.

Dijo bajando un poco la voz, como si se tratara de un secreto.

-Y si llueve nada, quedará ahí. Es como una sombra.

¿Qué sería aquello? ¿Un perro muerto? ¿Un sillón viejo? ¿Una bolsa de portland?

Podría ser cualquier cosa. Sólo tenía que nombrarlo para dejar de llamar la atención de los pasajeros. Pero no, la mujer que parecía disfrazada para no ser encontrada por Interpol, eligió la ambigüedad más absoluta. El misterio convirtió una charla de lista de supermercado en la trama de una teleserie policial que bien podría titularse “Aquello”, como el best seller de Stephen King.

 

 

El indio Mott

El indio Mott

-Tomá asiento.

Me acerca una silla con un almohadoncito. Dejo el paraguas junto a ella. Me ofrece una toalla. Así de fuerte está lloviendo.

-¿Ves? Esto es lo que a mí me gusta.

Don Juan, como le dice la gente del barrio, mira para arriba. Al fogonazo le sigue el sonido del trueno. Una cortina de se desliza sin pausa por los vidrios del patio. Chilla la caldera sobre la hornalla  y el indio acomoda el mate.

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La Rosa de los Vientos

A dos blogs. Libre como el viento va esta historia que escribí para el colectivo de https://escribeconnosotros.wordpress.com

La Historia Sin Fin

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Fer y Fla alquilaron una cabaña en Punta del Diablo para pasar algo de tiempo juntos. Se veían poco y tenían la vida a medias, los sueños a medias y las cuentas a medias. Entonces apareció esa oportunidad en internet. Como ninguno sabía cuándo podría tomarse vacaciones, un fin de semana fuera de temporada y a buen precio sonaba tentador. “Dale, compralo, nos vamos”. Era la primera vez que se ponían de acuerdo en mucho tiempo, tenía que ser una buena señal.

Separarse implicaba volver a vivir con sus padres o con amigos. No podían solventar con sus trabajos más que esa suerte de independencia compartida. Había que cuidar la pareja y todo lo que a medias funcionaba bien. Fer tuvo que vender la camioneta donde mataron sus soledades por primera vez. Ahora tenían un colchón sobre pallets que usaban por turnos, como en la canción “Cruz de Navajas” de…

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Guerra en el Patio

Lindo volver a participar en este bello proyecto colectivo que tenía algo abandonado hace un tiempo.

La Historia Sin Fin

Por Macarena

Foto: http://bit.ly/2sDxub6

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo existió un niño que no corría, ni pegaba ni empujaba a la hora del recreo. En la escuela se conoce como La Leyenda del niño Pancho. ¿Se llamaría Francisco o era por tranquilo nomás que le decían así? Nadie lo sabe, eso también forma parte de la leyenda.

Un día de primavera, de esos en los que la túnica empieza a picar en el cuello y las familias no saben si mandar a los niños con paraguas o con bermudas porque con el clima nunca se sabe, el patio se transformó en un campo de batalla.

El timbre sonó y todos salieron a lo loco, como siempre. Parece que en un rincón del patio se armó una pelea, aunque nadie supo explicar cómo ni por qué. Lo cierto es que el caos se apoderó del recreo.

Niños y niñas…

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